Por Juan Carlos Torres

 

El juego de garrote venezolano tiene un territorio físico, moral, social y cultural desde los cuales se crea una mirada propia. En la experiencia del juego hay una construcción de subjetividad hacia afuera y hacia adentro. El noble juego de garrote es un libro donde se registra este hecho cultural todavía en desarrollo. Javier Rivas, su joven autor, deconstruye y reconstruye lo que está vivo en el corazón de la cultura, siendo él mismo el primer informante de esta investigación.

El juego de palos carece de todos los elementos que nuestra sociedad privilegia, en él falta aquello que lo haría atractivo en esta sociedad, como el uniforme, las competencias, los trofeos; es simplemente un juego, su experiencia y su gozo. Para jugar palo no se necesita ser atlético, tan solo se necesita ser uno mismo, por el simple hecho de que, sin importar etiqueta alguna, cuando se es atacado lo único que se debe hacer es defenderse. Si nos diéramos la oportunidad de ir más allá, encontraríamos en el juego de garrote una fuente de aspectos necesarios para la vida: como el reforzamiento de la autoestima y la valoración de la propia historia.

Rivas nos aclara que a pesar de su carácter lúdico, este es un juego serio, muy serio, especialmente si se hace con machetes o cuchillos. Entender el juego de palos es entender nuestro contexto histórico, desde los procesos independentistas, hasta la realidad actual del país, porque el juego del garrote es patrimonio y nos ofrece una perspectiva histórica para comprender mejor nuestro presente. Al momento del juego, de la riña, se evocan reminiscencias ancestrales, el cuerpo hace lo necesario para defenderse, tal vez como nuestros antepasados lo hicieron. La magia se produce en el momento, cuando se siente y comprende; basta decir que frente a la amenaza del dolor que impone el garrote nos situamos en el aquí y ahora. Por lo tanto, es necesario familiarizarse, jugar, para apropiarse por medio del cuerpo de todo el entramado que nos ofrece el juego de garrote y que tiene que ver con la defensa y salvaguarda de nuestra integridad en condiciones de desventaja, de resistencia, manejándonos con nuestro único recurso, el cuerpo.

Sin embargo, Rivas nos plantea que resulta difícil hablar sobre esta disciplina en nuestro país, en buena parte debido al menosprecio de lo propio. Por otro lado, su práctica está poco difundida y se ha ido perdiendo en los pueblos donde se ha diseminado debido al secretismo que lo caracteriza, así como a la muerte de los maestros y la falta de jugadores capaces de transmitir el legado a las nuevas generaciones. Es aquí donde se concentra el mérito de este trabajo. Javier Rivas devuelve el juego de garrote al terreno de la memoria presente, desenvolviéndose entre la objetividad y la subjetividad implicadas en el jugar, y aportando de esta manera, materiales necesarios e inéditos para estimular el desarrollo y la difusión de nuestra identidad nacional y esta práctica lúdica.

Desde la Fundación Editorial El perro y la rana extendemos una cordial invitación a todos nuestros lectores a visitar la 14.a Feria Internacional del Libro organizada por el Ministerio para el Poder Popular de la Cultura en los espacios del casco central de Caracas, y a la presentación de este libro el día domingo 18 de noviembre, a las 3 p.m., en Chocolate con Cariño, esquina San Jacinto. Además, en la misma ocasión se presentará el libro El garrotero en el tiempo, otra investigación sobre esta práctica de la socióloga María Carolina Kammann.

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